Sobreentrenamiento, cómo identificar sus síntomas y combatirlo.
12 diciembre, 2018

Fractura por estrés en el pie.

La fractura por estrés se debe, en la mayoría de casos, a un exceso de carga de kilómetros sobre nuestro cuerpo. En este caso, sobre los pies. “De aquí que a este tipo de fracturas se las llame fracturas por fatiga o sobrecarga”, nos cuenta el experto en biomecánica Albert Casas. De hecho, “este tipo de fracturas pueden producirse en multitud de huesos de nuestros cuerpo que están sometidos a cargas repetidas” y, en el caso del correr, “se centran, lógicamente, en la zona de mayor impacto: los pies”. La repetición en la acción, correr demasiados kilómetros (sobrecarga), y la falta de descanso, suelen ser los principales gérmenes de la fractura de estrés.

Teniendo en cuenta esto, las fracturas más comunes en el pie son las siguientes:

Fractura en el segundo metatarsiano. Se trata de la fractura por estrés más común en el mundo del running. ¿El motivo? Pues se trata del dedo que suele ser más largo y está sometido a una mayor carga durante actividades como el running. Sin embargo, también es preciso constatar que cualquiera de los metatarsianos puede sufrir este tipo de lesión, este tipo de fractura.
Fractura del quinto metatarsiano. Se suele producir en deportes como el fútbol y el baloncesto, no tanto en el mundo del correr. Se debe a desplazamientos laterales y saltos.
Fractura del calcáneo. Tal y como nos cuenta Albert Casas, suele aparecer en corredores que “utilizan una técnica de carrera en la que el primer contacto con el suelo se hace a través del talón”.
Fractura del astrágalo. En el caso de corredores y corredoras, no podemos decir que sea una lesión muy común. Eso sí, en caso de sufrirla se convierte en una dolencia de la que debemos recuperarnos totalmente, ya que este hueso “tiene un papel capital, es muy importante, en el movimiento del pie”.
SÍNTOMAS DE UNA FRACTURA POR ESTRÉS

Las lesiones por el impacto repetido no aparecen de la noche a la mañana. Nuestro cuerpo nos envía una serie de señales pertinentes que debemos procesar y saber interpretar para evitar precisamente caer lesionados. La fractura por estrés “suele empezar con un dolor fuerte que comienza cuando iniciamos la actividad física y desaparece o disminuye cuando dejamos de hacerla, ya que se reduce la carga sobre el hueso”, explica el podólogo deportivo especializado en biomecánica. Al mismo tiempo, puede que la zona del 2º metatarsiano -o la zona en cuestión de la lesión- “se hinche un poco e incluso enrojezca, llegando a generar un edema y que duela al tocar la zona”. El dolor, de hecho, puede empeorar al caminar o al estar de pie. Y Casas lanza un aviso: “si no tratamos este problema y seguimos corriendo, como si nada, el dolor tenderá a incrementarse e incluso se prolongará en el tiempo”. En este caso, “no sólo lo notaremos cuando corramos, sino también nos será un impedimento para nuestra vida cuotidiana”.

No es para proteger a los especialistas ni quitarles presión, “pero es una realidad que las fracturas por estrés no son fáciles de diagnosticar”, reconoce el impulsor de Clinik Podologia. De hecho, “en muchas ocasiones pueden confundirse con otro tipo de patologías y lesiones”. En este sentido, para acertar en el diagnóstico preciso –además de acudir a un especialista-, “es necesario realizar una serie de pruebas complementarias como TAC, radiografía en distintas posiciones, resonancia magnética o gammagrafía ósea”. No sería suficiente con una radiografía simple, ya que, “en muchas ocasiones, no se percibe si existe o no fractura”. Por cierto, Casas también nos apunta que una de las causas de este tipo de fracturas se asocia en algunas ocasiones a la falta de vitamina D (se trata de una vitamina esencial para la salud ósea que favorece la absorción del calcio). Una vez diagnosticada la dolencia, ¿cómo debemos proceder?

EL TRATAMIENTO

En líneas generales, “el tratamiento se fundamenta en el reposo durante unas 6-8 semanas”. Durante este período, “debemos reducir la carga sobre la zona lesionada” con el objetivo que “el hueso sea capaz de cicatrizar por sí mismo y generar un callo óseo”. En el caso de desplazamiento del hueso, obviamente la fractura es más grave, y el tiempo de recuperación es más largo. En este caso, “puede llegar a ser necesario algún tipo de inmovilización o incluso de cirugía” cuenta Casas. En el caso que la lesión se produzca por la falta de vitamina D, tal y como hemos comentado previamente, “el tratamiento y reposo también incluirá la ingesta de altas dosis de vitamina D y calcio para evitar que se reproduzca la misma situación” observa el experto.

No obstante, el mejor tratamiento contra una fractura por estrés es la prevención. Y es que un exceso de carga de kilómetros y la falta de reposo pueden resultar, a la postre, el motor de reacción –no deseado- de este tipo de lesión. La sobrecarga y los micro traumatismos de repetición en una misma zona, por lo tanto, pueden ser muy lesivas. Al menor síntoma de dolor, “deberíamos reducir la presión y la carga sobre estas estructuras”. Ante dicha situación, Albert Casas recomienda una serie de pautas genéricas a seguir (eso sí, la primera e indispensable sería siempre acudir a un especialista para saber el grado de lesión y afectación de esta zona en concreto):

Correr con el calzado apropiado para nuestro tipo de pisada y tipología de corredor es básico
Si la fractura se ha debido al deporte que hacemos, debemos evitar el sobre entrenamiento y adaptar las cargas concretas que recibe el hueso lesionado
Hay que prestar atención a la superficie por la que entrenamos. Superficies excesivamente duras como el asfalto o el hormigón aumentan de forma importante las posibilidades de sufrir este tipo de dolencias
Tener una técnica de carrera adecuada nos ayudará a correr de forma correcta y, por lo tanto, a evitar sobrecargas innecesarias que, posteriormente, pueden transformarse en lesiones
Un correcto estudio de nuestra pisada nos ayudará a detectar las zonas de sobrecargas que padece nuestro pie (si es necesario, nuestro podólogo nos recomendará unas plantillas personalizadas en pro de “reducir y repartir de forma adecuada estas cargas para evitar los puntos críticos”)
LA VUELTA A LA ACTIVIDAD

Tras sufrir una lesión en los metatarsianos, y una vez superado el tratamiento necesario, “la vuelta a la normalidad debe ser progresiva y paulatina” afirma el podólogo. En este aspecto, “recomienda volver con un ejercicio de bajo impacto como puede ser la natación o la elíptica”. Debemos tener claro que cuando corremos nuestros huesos sufren grandes impactos y los pies son los que deben lidiar con ellos. Cualquier corredor o corredora, tenga el nivel que tenga, “debe entender la cantidad de peso que sufren nuestros pies”.

Poniendo como ejemplo la cadencia que los entrenadores recomiendan, 180 por minuto, y un corredor de 70 kilos de peso, en tan sólo 1 minuto, nuestras piernas soportarán un peso de 12.600 kilos. ¿Os parece poco? Pues aún no está todo. Seguimos. Y es que hay que tener en cuenta que al correr, el impacto sobre el suelo es del doble o del triple de nuestro peso corporal. Por lo tanto, estaríamos hablando de más de 25.000 kilos o 37.000 (en función de si hablamos del doble o del triple) por minuto. Una auténtica barbaridad. De aquí la importancia de correr bien y de saber incluir el reposo dentro de nuestra dinámica de entrenamiento.

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